
Coyhaique a pie, en seis paradas
Una plaza de cinco lados, un ovejero que avanza contra la ventisca y una mano gigante que ofrece un mate. La vuelta de medio día que cuenta cómo nació la capital de Aysén.


Una plaza de cinco lados, un ovejero que avanza contra la ventisca y una mano gigante que ofrece un mate. La vuelta de medio día que cuenta cómo nació la capital de Aysén.

La Reserva Nacional Coyhaique está a cinco kilómetros de la plaza y existe por algo que casi nadie cuenta: los incendios de la colonización dejaron las laderas a merced de la erosión. Cuatro lagunas, senderos con nombre de oficio y la ciudad entera a la vista.

Unos noventa y seis kilómetros entre la ciudad y un pueblo al pie de una montaña con forma de fortaleza. Lo que conviene resolver antes de salir, y dos paradas que vale la pena no saltarse: una escuela que levantaron sus vecinos y una pared con manos pintadas hace miles de años.

Fue la puerta de entrada de la región y su primera capital, hasta que el río se llenó de sedimento y los barcos ya no pudieron entrar. El puente, la antigua Oficina de Tierras y los quince kilómetros hasta el fiordo cuentan esa historia.

Se llama Ruta 7 y tiene 1.240 kilómetros, pero la mitad es ripio y no une nada de forma continua. Entender eso antes de arrendar el auto evita el noventa por ciento de los sustos.

Parecen potreros empapados y son humedales que guardan carbono y regulan el agua. Qué son las turberas de Aysén y Magallanes, por qué la ley prohíbe sacar turba y cómo mirarlas sin dañarlas.