Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal
La Carretera Austral se construyó a partir de 1976 para conectar por tierra una región que hasta entonces solo se alcanzaba por mar o por Argentina. Cincuenta años después sigue siendo, más que una carretera, una sucesión de caminos y transbordadores que alguien decidió numerar igual.
Eso no es un defecto. Es lo que la hace lo que es. Pero conviene saberlo antes de planificar días de viaje con una regla sobre un mapa.
No es continua
Hay tres transbordadores obligatorios en el trayecto completo, y todos tienen horario, cupo y temporada. El más conocido es el de Caleta Gonzalo, en el norte; en el extremo sur está el de Puerto Yungay a Río Bravo, que es un ferry gratuito del Ministerio de Obras Públicas con salidas contadas al día.
Perder un transbordador no significa esperar media hora: puede significar esperar hasta el día siguiente. La planificación de un viaje por la Austral se arma alrededor de esos horarios, no al revés.
La mitad es ripio
Los tramos pavimentados han ido creciendo, y desde Coyhaique hacia el norte y hacia el sur inmediato el camino está en buen estado. Pero buena parte del recorrido es ripio suelto, con calamina, piedras que saltan y polvo cuando está seco.
Eso tiene tres consecuencias prácticas:
- La velocidad promedio es de 50 a 60 km/h, no de 90. Un tramo de 200 km son cuatro horas, no dos.
- El pinchazo es la avería típica. Revisa la rueda de repuesto, la gata y la llave antes de salir, y verifica que estén de verdad y no como concepto.
- El parabrisas se raja. Es tan común que las arrendadoras lo cobran aparte. Bajar la velocidad al cruzarse con otro vehículo reduce mucho el riesgo.
La bencina se carga cuando aparece, no cuando falta
Hay tramos de más de 200 km sin bomba, y en temporada alta algunas se quedan sin combustible durante días. La regla de quien vive ahí es simple: si pasas por una bomba y tienes menos de medio estanque, cargas.
Un bidón de reserva no es exagerado. Es lo que hace todo el mundo.
El teléfono no sirve para casi nada
Entre pueblos hay horas sin señal de ningún operador. Los mapas hay que descargarlos para usarlos sin conexión, y el correo con la reserva del hospedaje conviene tenerlo en pantalla antes de salir.
También significa que si algo pasa, la ayuda está lejos. Avisar a alguien por dónde vas y a qué hora esperas llegar es una costumbre que allá no tiene nada de paranoica.
Y aun así
Con todo lo anterior, la Austral sigue siendo uno de los caminos más extraordinarios que existen. Se cruza bosque valdiviano, ventisqueros colgantes, ríos de un turquesa que parece trucado y pueblos de cincuenta habitantes donde alguien te va a ofrecer café.
La diferencia entre el viaje que sale bien y el que sale mal casi nunca es la suerte. Es haber entendido, antes de partir, que el número de kilómetros no dice cuánto se demora.
Revisado el
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