Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal
Sobre Coyhaique, a pocos kilómetros del centro, hay un cerro cubierto de bosque. Parece lo más natural del mundo, y no lo es del todo: buena parte de ese bosque se plantó para que el cerro dejara de deshacerse.
Por qué existe
Durante la colonización de Aysén, en la primera mitad del siglo XX, gigantescos incendios —algunos duraron años— arrasaron bosque nativo en toda la región. Donde el fuego se llevó la cubierta vegetal, la lluvia y el viento empezaron a llevarse el suelo. Solo en la cuenca del río Aysén, un estudio calculó que entre 1900 y 1998 se perdió cerca de una cuarta parte del bosque nativo, reemplazado sobre todo por praderas.
La reserva se creó en 1948 justamente para proteger laderas expuestas a esa erosión. Durante años fue además un lugar de ensayo forestal: se plantaron sobre todo especies introducidas —pino oregón, contorta, silvestre y ponderosa— para sujetar la tierra. Con el suelo recuperado, hoy el bosque nativo vuelve de a poco.
Esa es la mirada que conviene llevar al caminarla: no es un bosque intacto, es un bosque en recuperación, y se nota en los cambios de especie a lo largo del sendero.
Qué se ve
La reserva tiene unas 2.150 hectáreas, la administra CONAF y su punto más alto es el cerro El Cinchao, de 1.361 metros. La entrada queda a unos cinco kilómetros de la Plaza de Armas por la ruta que va a Puerto Aysén, con el último tramo de ripio.
- Cuatro lagunas: Verde, Venus, Los Sapos y Los Mallines, que es la más extensa.
- El bosque nativo: sobre todo lenga, con coigüe en el sector suroccidental y ñirre en lo más alto. Debajo crecen notro, chilco, calafate y michay.
- La ciudad a la vista: desde los miradores se ve Coyhaique entera, con el cerro Mackay al frente. A uno de ellos se llega por un sendero accesible de 250 metros.
Senderos con nombre de oficio
Los senderos se llaman Los Leñeros, Los Carreros, Los Troperos, Los Carboneros y Los Tejueleros, y esos nombres no son adorno: son oficios con los que se levantó Aysén. El leñero y el carbonero sacaban del bosque el calor de las casas; el carrero y el tropero movían la carga y los animales; el tejuelero partía la madera en las tejuelas que cubrían techos y paredes.
Caminarlos es recorrer, en pocas horas, los trabajos que cambiaron el paisaje que se ve desde arriba.
Aves, sin promesas
En la reserva se han registrado cóndor, águila, cernícalo, martín pescador, zorzal, tordo, cachaña y carpintero negro, y también el chucao, mucho más fácil de oír que de ver. Registrado no quiere decir garantizado: se ven las que se dejan ver, y lo que más ayuda es caminar temprano y en silencio.
También hay especies que no deberían estar: la liebre y el visón son invasoras, y CONAF advierte la presencia de jabalíes en algunos senderos. Vale la pena leer los avisos de la entrada.
Las reglas, y por qué
- Nada de fuego, en ninguna forma: ni fogata, ni parrilla, ni cocinilla, ni cigarro. En una reserva que existe por los incendios, la regla se explica sola.
- Sin mascotas.
- Siempre por el sendero. Un atajo abre una huella que la lluvia convierte en zanja, justo en las laderas que tanto costó sujetar.
- La basura vuelve contigo.
- El agua de la reserva no es potable: hay que llevar la propia.
- Drones, solo con autorización.
Antes de ir
Los horarios, los cierres de temporada de algunos senderos y las reservas del camping cambian, y los publica CONAF en la ficha de la reserva. Conviene mirarla el día antes y, como en todo Aysén, salir con capas: en el cerro la temperatura baja rápido y el viento llega sin aviso.
Revisado el
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