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Coyhaique a pie, en seis paradas

Una plaza de cinco lados, un ovejero que avanza contra la ventisca y una mano gigante que ofrece un mate. La vuelta de medio día que cuenta cómo nació la capital de Aysén.

Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal

Coyhaique es una ciudad joven que se toma en serio sus símbolos. Casi todos quedan a distancia de caminata y, recorridos en orden, cuentan una sola historia: la de una región a la que por tierra solo se llegaba cruzando Argentina, y la de la gente que vino a quedarse.

La vuelta completa son unos seis kilómetros. Con paradas y sin apuro, es un plan de medio día.

1. Una plaza de cinco lados

La Plaza de Armas es un pentágono del que salen diez calles, y el damero de la ciudad recién se ordena unas cuadras más allá. Conviene mirarla primero en un mapa, porque desde el suelo cuesta adivinar la forma.

El trazado ya estaba en el plano de la «Población Baquedano» que se aprobó en 1930, cuando la plaza se llamaba Coronel Marchant, y su diseño se atribuye al agrimensor Héctor Monreal. En la plaza están el busto de Luis Marchant González, el carabinero que llegó como gobernador en 1928 e impulsó la fundación, y el monolito «Firma Baquedano», que lleva el acta de fundación y las coordenadas de la ciudad.

Esa acta tiene su propia historia. La fecha oficial de la fundación es el 12 de octubre de 1929, pero el documento recién se conoció en 1931, y hay historiadores que dudan de que la ceremonia haya ocurrido. El nombre tampoco duró: en los años treinta, Baquedano pasó a llamarse Coyhaique para no confundirse con otra Baquedano, en la Región de Antofagasta. El nombre nuevo viene de la lengua aonikenk, o tehuelche, y se traduce como «campamento de la laguna» o «campamento entre aguas», según la fuente.

2. La feria artesanal

A un costado de la plaza está la feria artesanal, con trabajos en lana, cuero, cerámica, piedra y madera. Es el lugar para comprarle a quien hace las cosas, y para preguntarle cómo las hace.

3. El Ovejero

A unos cuatrocientos metros, en el bandejón de la avenida General Baquedano, un peón avanza encorvado contra la ventisca con su caballo, dos perros y ocho ovejas: doce figuras en total. Es obra del escultor Germán Montero, que se inspiró en el poema «El ovejero de mi tierra», de José Grimaldi Acotto.

Es también la parada para matizar lo de «ciudad gaucha». Los ovejeros de la estancia de la Sociedad Industrial de Aysén, la gran concesión ganadera de la zona, eran llamados gauchos y venían en su mayoría de Chiloé. Y buena parte de los primeros pobladores de estos valles eran chilenos que habían vivido en Argentina y volvieron con sus animales y sus costumbres. Lo gaucho de Coyhaique, en otras palabras, lo trajeron sobre todo chilenos.

4. El mirador del río Simpson

Desde la plaza se baja hacia el poniente, unos veinte minutos a pie, hasta el parque costanero del río Simpson: seis hectáreas que siguen el río por unos tres kilómetros, con zona de juegos y varios miradores. Uno de ellos apunta directo a la parada siguiente.

5. La Piedra del Indio

Junto al río hay una formación rocosa cuyo perfil recuerda un rostro humano. Se ve mejor desde el puente peatonal que cruza el Simpson en ese sector y, como toda figura en la piedra, depende un poco de la luz y otro poco de las ganas de verla. Es una formación natural: el parecido lo pone quien mira.

6. El Monumento al Mate

El cierre está al surponiente de la ciudad, junto a la Carretera Austral: una mano enorme que sostiene un mate con su bombilla, obra de Segismundo Sade y dedicada a los hombres y mujeres pioneros de la región.

Que el mate tenga monumento en Aysén tiene explicación. El aislamiento del resto de Chile y la cercanía con Argentina hicieron que se quedara en las casas de la región. Si alguien te ofrece uno, la respuesta correcta es aceptar.

Si queda tiempo

El Museo Regional de Aysén ocupa las construcciones de la antigua estancia de la Sociedad Industrial de Aysén, levantadas desde 1907 junto a la confluencia de los ríos Simpson y Coyhaique. Son anteriores a la ciudad y son Monumento Histórico. Quedan en el kilómetro 3 del camino a Coyhaique Alto, así que a pie es otra excursión, pero es el mejor lugar para entender lo que la caminata apenas insinúa.

Para caminarla bien

  • Un orden posible: plaza y feria, ida y vuelta al Ovejero, bajada al río, Piedra del Indio y Monumento al Mate. Del Mate de vuelta a la plaza son unos dos kilómetros más.
  • Zapatos cómodos. El centro está sobre una terraza, y la bajada al río se paga a la vuelta.
  • Una capa de más. El tiempo en Aysén cambia rápido, también en verano.
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