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3 minPuerto Natales

Puerto Natales antes del parque

Casi todos la usan de campamento base para Torres del Paine, pero la ciudad tiene historia propia: un fiordo con nombre de despedida, un frigorífico que llegó a faenar miles de ovejas al día y una costanera donde el viento tiene monumento.

Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal

Puerto Natales tiene fama de lugar de paso: la última ciudad antes de Torres del Paine, donde se compra, se duerme y se sale temprano. Vale la pena darle un día propio.

Un nombre de despedida

El seno Última Esperanza, el brazo de mar frente a la ciudad, debe su nombre, según la atribución más difundida, a Juan Ladrillero, que en 1557 buscaba desde el Pacífico la entrada al Estrecho de Magallanes. Natales, según el municipio, viene del río que dos colonos alemanes llamaron «Natalis» porque lo encontraron un 24 de diciembre.

La ciudad es mucho más joven que esos nombres: se fundó el 31 de mayo de 1911, sobre terrenos que un decreto de 1906 había reservado junto a la desembocadura del río para formar un pueblo. Antes de los colonos, la zona era territorio kawésqar y aónikenk, y los primeros estancieros, como Hermann Eberhard, llegaron a fines del siglo XIX.

Bories: la fábrica al borde del fiordo

A cinco kilómetros al norte del centro está el conjunto del ex Frigorífico Bories, Monumento Histórico desde 1996. Pertenecía a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego y lleva el nombre de Carlos Bories, gobernador de Magallanes entre 1898 y 1904. Su arquitectura y su maquinaria son de la Inglaterra posvictoriana, y llegó a exportar a Europa más de tres mil ovinos al día; cientos de obreros viajaban diariamente en tren desde Natales para trabajar ahí.

No fue solo industria. En enero de 1919, un conflicto obrero que partió en Bories terminó con diez muertos y una veintena de heridos, y la ciudad lo recuerda con el monumento a los Mártires Obreros, inaugurado en 2010.

La costanera

La avenida Pedro Montt corre junto al agua y es el mejor paseo de la ciudad. En ella está el Monumento al Viento, de la escultora Marcela Romagnoli: dos figuras de bronce de media tonelada cada una, inauguradas en 2012, que parecen llevadas por el viento. Por la ciudad hay otras esculturas, como un milodón de bronce y un monumento a Juan Ladrillero, y de un antiguo muelle solo quedan los pilotes.

Un fiordo lleno de aves

Frente a la ciudad, el agua es mucho más que paisaje. Un estudio de un año completo en el fiordo y el canal Señoret registró treinta especies de aves acuáticas, entre ellas el cisne de cuello negro, la coscoroba y el flamenco chileno, y colonias de cormorán imperial, cormorán de las rocas y bandurria en primavera y verano. En otoño, cuando muchas aves mudan e invernan, el fiordo reúne una de las mayores concentraciones de aves de la región.

En los días claros, hacia el norte se ve el monte Balmaceda, de 2.035 metros, con sus glaciares.

Antes de entrar a Torres del Paine

Para quien sigue viaje, Natales es el lugar para dejar resuelto lo que no se puede resolver adentro:

  • El alojamiento del parque. La reserva de camping o refugio conviene tenerla lista antes de salir, y confirmar las reglas vigentes, que se revisan.
  • Equipo para cualquier clima. En un mismo día puede haber sol, viento y lluvia.
  • La regla del fuego. En Torres del Paine está prohibido encender cualquier fuego, y la Ley 20.653 lo sanciona con multas y hasta con cárcel. Solo se cocina con cocinillas autorizadas y en los lugares habilitados.

Esa regla tiene historia. En 2005, un incendio provocado accidentalmente por un visitante quemó más de 15.000 hectáreas, y entre diciembre de 2011 y febrero de 2012 otro, que empezó cuando un turista quemó basura, arrasó más de 17.000. CONAF trabajó durante años en restaurar lo quemado, con miles de lengas plantadas.

Revisado el

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