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Porvenir no nació con el oro

La fiebre del oro fueguina fue en la década de 1880, pero el pueblo se fundó en 1894 para servir a las estancias de ovejas. Entre una historia y otra está la del pueblo selk’nam, que conviene contar entera.

Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal

Se repite que Porvenir nació con la fiebre del oro. Es verdad a medias, y la mitad que falta es la que más importa.

El oro del cordón Baquedano

Los recién llegados empezaron a ocupar la isla en la década de 1880, con el oro del cordón Baquedano y las primeras concesiones ganaderas. Hacia 1883 ya había un destacamento policial por la actividad minera, y el oro llegó a trabajarse a escala industrial: Memoria Chilena conserva registros de una draga en el río Oro en 1906 y de otra abandonada en el cordón Baquedano en 1923.

A esa primera etapa, que se apagó a comienzos del siglo XX, le siguió otra más larga y silenciosa: la de mineros croatas y chilotes que lavaron oro de forma artesanal en la cordillera fueguina durante buena parte del siglo.

Un pueblo para las estancias

Porvenir se fundó en 1894, y no como campamento minero, sino como pueblo de servicios para las estancias de ovejas que se estaban instalando en la isla.

La escala de esas estancias explica el resto. En 1890 el Estado concedió un millón de hectáreas de Tierra del Fuego a José Nogueira, y tras su muerte, en 1893, Sara Braun y Mauricio Braun formaron la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, que levantó las estancias Caleta Josefina, San Sebastián y Cameron.

Los que llegaron

Hacia 1914 vivían en Magallanes unos dos mil croatas, cerca del 30 % de los extranjeros y del 10 % de la población, instalados sobre todo en Punta Arenas y Porvenir, en el comercio, los oficios y la hotelería. Venían de la costa dálmata y sus islas, que entonces no eran un país sino parte del Imperio austrohúngaro. En el cementerio de Porvenir descansan los primeros inmigrantes croatas.

Después llegaron los chilotes, que se quedaron en las estancias y en la minería artesanal.

Lo que perdieron los selk’nam

La isla no estaba vacía. Era territorio selk’nam desde hacía miles de años, y la llegada de las estancias fue para ese pueblo una catástrofe.

El Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato lo describe con precisión. La Sociedad Explotadora ocupó el centro del territorio selk’nam, introdujo ganado, levantó centros de trabajo y cercó los campos, restringiendo la movilidad de sus habitantes, e «impulsó una práctica más agresiva en contra de los indígenas». El mismo informe señala que su personal y el de otras estancias serían responsables directos, «al menos, de la muerte de más de 300 indígenas».

El ganado desplazó al guanaco, que era la base de su alimentación, y cuando los selk’nam cazaron ovejas vino la represión. A eso se sumaron las bandas armadas —Memoria Chilena conserva un registro de 1886 del buscador de oro Julius Popper dirigiendo un ataque contra indígenas selk’nam— y la misión salesiana de isla Dawson, donde muchos de los trasladados murieron de enfermedades como la sífilis y la tuberculosis.

Los selk’nam no desaparecieron. En 2023, la Ley 21.606 los incorporó a los pueblos indígenas reconocidos por el Estado de Chile, y hay personas y organizaciones que hoy se reconocen selk’nam. Contar la historia de Porvenir sin ellos es contarla mal.

El museo

El Museo Municipal Fernando Cordero Rusque es la mejor puerta a todo esto. Lleva el nombre del teniente de Carabineros que a mediados de los años setenta empezó a reunir las piezas que donaban los vecinos, abrió en 1980 y tiene salas sobre los selk’nam, el oro del cordón Baquedano, la ganadería y la fundación de la ciudad.

Sus horarios pueden cambiar, así que conviene confirmarlos antes de ir. Y la ruta del oro es otra excursión: el cordón Baquedano está fuera del pueblo, en plena estepa.

Revisado el

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