Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal
Mucho antes de que existiera Puerto Williams, estos canales tenían nombres y gente que los navegaba. Contar esa historia sin convertirla en decorado exige empezar por lo básico: el pueblo yagán no es un recuerdo. Tiene comunidad, organización propia y voz para decir cómo quiere que se hable de él.
Seis mil años en canoa
Los fechados más antiguos que muestra el museo de Puerto Williams superan los seis mil años: unos 6.495 años antes del presente en Punta Guerrico, cerca de 6.120 en Seno Grandi y unos 6.400 en la costa argentina del Beagle.
La vida se organizaba en torno a la canoa. La familia era la unidad política, social y económica, y viajaba con todo lo suyo a bordo. Las canoas se construían en primavera, cuando la corteza está fresca y flexible. En ellas, los hombres iban adelante con arpones y lanzas; los niños, al centro, cuidando el fuego; y las mujeres, atrás, remando. Eran ellas quienes amarraban la canoa al llegar. Nadar y bucear se aprendía desde la infancia.
El museo que cambió de nombre
Durante décadas, el museo de la ciudad se llamó Museo Antropológico Martin Gusinde, por el sacerdote y etnólogo que entre 1918 y 1924 hizo cuatro expediciones a Tierra del Fuego. A pedido de la Comunidad Indígena Yaghan de Bahía Mejillones, y tras una renovación de unos dos años, en 2024 reabrió como Museo Territorial Yagán Usi – Martín González Calderón. Yagán Usi quiere decir «territorio yagán», y Martín González Calderón fue un cultor de la comunidad, conocedor de la navegación ancestral en canoa, que colaboró con el museo y murió en 2020.
En el primer piso se recorren más de seis mil años de poblamiento, navegación, caza y cestería. Ahí están 29 objetos restituidos por el Museo Nacional de Historia Natural y 32 cestos tejidos por artesanas yaganes, entre ellas Cristina Calderón Harban y Julia González Calderón. El segundo piso cuenta la llegada de los extranjeros desde el siglo XVI.
Cristina Calderón
Cristina Calderón Harban nació en 1928 en Puerto Róbalo, en la isla Navarino, y murió en 2022, a los 93 años. Fue la última hablante nativa del yagán y maestra de la cestería en junco. En 2009 fue reconocida como Tesoro Humano Vivo, y en 2016 publicó con su nieta, Cristina Zárraga, «Memorias de mi abuela yagán».
Que haya sido la última hablante nativa no significa que la lengua se haya ido con ella: la comunidad trabaja en su revitalización. Por eso llamarla «la última yagán», como se lee a veces, es un error.
La comunidad
Parte de la comunidad yagán vive en Villa Ukika, a la salida de Puerto Williams, adonde se trasladaron familias desde Bahía Mejillones. La Comunidad Indígena Yaghan de Bahía Mejillones tiene ahí su base, y su relación con ese territorio no es un capítulo cerrado.
Visitar con respeto
En 2021, la comunidad publicó junto a la Subdirección Nacional de Pueblos Originarios un protocolo de buenas prácticas para la protección del patrimonio cultural indígena yagán. Su principio es simple: es la comunidad la que define quién accede a su patrimonio, cómo, y si puede usarse o compartirse. Vale la pena leerlo antes de ir.
A partir de ahí, un poco de sentido común:
- El museo primero. Es la mejor forma de llegar con contexto a cualquier conversación.
- Preguntar antes de fotografiar a una persona, una casa o una pieza, y aceptar un no.
- Comprar la artesanía a quien la hace, y sin regatear.
- No usar símbolos ni imágenes yaganes como decoración en fotos, marcas o recuerdos.
Revisado el
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