Por Equipo VivePatagoniaRedacción del portal
Desde Punta Arenas, en los días claros, se ve la costa de Tierra del Fuego. Porvenir está del otro lado, y en un solo día se puede hacer la travesía, caminar un pueblo con historia propia y visitar una laguna que interesa a los científicos.
El cruce
El transbordador sale del terminal de Tres Puentes, unos cinco kilómetros al norte del centro de Punta Arenas, y llega a Bahía Chilota, a unos cinco kilómetros de Porvenir. Son un par de horas de navegación, según la nave y el estado del mar, y conviene tomarlas como parte del paseo y no como un trámite. Quien va en auto por el norte tiene otra entrada a la isla: el cruce corto de la Primera Angostura.
En el Estrecho vive la tonina overa, un delfín pequeño, blanco y negro, que suele andar en grupos chicos y se ve más en primavera y verano. Puede aparecer junto al barco o no aparecer: no hay forma de prometerlo.
Lo que sí hay que tener presente es el viento. Cuando el mar no permite navegar con seguridad, el cruce se suspende, y por eso ningún plan en Tierra del Fuego debería depender de volver justo a tiempo para tomar un vuelo.
Una costanera con memoria
La costanera es la avenida Santa María. Ahí está Ulem, un monumento dedicado «al Espíritu Selk’nam», y en la misma costanera, la escultura de un cazador selk’nam. En el pueblo hay además un grupo escultórico que representa a una familia selk’nam. No están de adorno: son la forma en que Porvenir nombra a quienes estaban antes.
El Mirador Hain
Desde el Mirador Hain se tiene una vista panorámica del pueblo, y vale la pena saber qué nombra. El hain era la gran ceremonia de los selk’nam: una sociedad secreta de los hombres, vedada a las mujeres, en la que se iniciaba a los jóvenes y los hombres encarnaban a los espíritus con máscaras y pinturas. También servía para reunir a grupos que vivían lejos unos de otros.
Una de las últimas se celebró en 1923, y el sacerdote y etnólogo Martin Gusinde la fotografió. Esas imágenes son hoy uno de los principales registros que quedan de la ceremonia.
La Laguna de los Cisnes
A seis kilómetros al norte del pueblo, por un camino de ripio, está el Monumento Natural Laguna de los Cisnes, protegido desde 1982 y administrado por CONAF. Lo que se protege no es la laguna entera sino sus islotes, unas 25 hectáreas.
Es una laguna salada —en un muestreo de diciembre tenía más sal que el agua de mar— y fría, con microbialitos vivos y afloramientos subfósiles: estructuras que forman comunidades de microorganismos al atrapar y fijar minerales. Los estromatolitos, un tipo de microbialito, están entre los fósiles más antiguos del planeta, y los microorganismos que los formaron ayudaron a llenar de oxígeno la atmósfera. Un estudio científico propone la laguna como laboratorio natural para seguir el cambio climático.
Entre octubre y marzo, la época de nidificación, es la mejor temporada para las aves. En la laguna se han registrado cisne de cuello negro, coscoroba, flamenco chileno, canquén, caiquén, carancho y varias especies de patos.
Las reglas son las de CONAF: no se acampa, no se entra a las zonas de nidos ni se molesta a las aves, no se permiten fuego, drones ni mascotas, y la basura vuelve con uno.
Para aprovechar el día
- Salir temprano y confirmar la salida del transbordador el mismo día: los horarios cambian por temporada y por clima.
- Con auto se ve más. Sin auto, el pueblo y la costanera se recorren a pie; la laguna queda a una distancia que conviene cubrir en vehículo.
- Capas y cortaviento. En Tierra del Fuego el viento cambia la sensación térmica en minutos.
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