La fiebre del oro fueguina empezó en la década de 1880, y Porvenir se fundó en 1894 para servir a las estancias. Entre quienes llegaron hubo muchos dálmatas, entonces súbditos del Imperio austrohúngaro, y chilotes. El Museo Municipal Fernando Cordero Rusque cuenta esa historia junto a la de los selk’nam que habitaron la isla durante milenios, y el circuito del cordón Baquedano muestra en la estepa los rastros del lavado de oro.
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