Se sube el fiordo entre colonias de cormoranes y lobos marinos hasta el Parque Nacional Bernardo O’Higgins. El Balmaceda se ve desde el agua; al Serrano se llega con una caminata corta desde el desembarco, bordeando una laguna con témpanos.
Es la excursión que hace casi todo el mundo el día de descanso entre trekkings, y la que mejor funciona con mal tiempo: el paisaje se pone incluso mejor.
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