Se abre el cordero en cruz sobre una estaca de fierro, se clava inclinado junto al fuego y se da vuelta cada tanto durante tres o cuatro horas. No lleva adobo ni marinada: la carne de acá no lo necesita.
Se come en estancias, en fiestas costumbristas y en varios restaurantes de las seis ciudades. En temporada conviene avisar con anticipación, porque se prepara por encargo.
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